Unos ojos que gritan pidiendo auxilio, un loco que golpea la celda en la que lo encerré. Un corazón que quiere que le deje volver a ganar batallas. Lo lógico traicionado por lo esencial.
Una necesidad de vos, una culpa que quizás debiera sentir.
Madera y fuego nos escoltaron en una noche sin estrellas. Entre santos y pensamientos volví a sentirme vulnerable, indefenso ante un corazón desbocado buscando a su gemelo.
La vida me pide calma y el alma te pide a ti. Las canciones ya no sirven. Has reconciliado mi tinta y mis cuadernos.
Buenos días, desde la noche del Loco del Muelle, en su última canción caótica antes del requiem. Pronto él se irá y quizás algún día me atreva a firmar con mi nombre. Quizás pronto me sobren los papeles, quizás tu cuerpo sea suficiente ... Quizás no se me de muy bien eso de llevarlo con calma.