sábado, 18 de mayo de 2013

Los ojos de Fátima


A esos ojos que me cautivaron


Probablemente el último lugar donde esperaría encontrar tal sensación de cautiverio por una mirada sería la Puerta del Sol un sábado por la mañana, tantas personas caminando como si de autómatas se tratasen con pensamientos esquivos y con una postura totalmente alejada de lo fraterno. Pues bien queridos amigos, justo en ese lugar y ese momento mis ojos no pudieron evitar clavarse como saetas en aquellas pupilas de cuarzo negro, brillantes a pesar de su oscuridad, transmitiendo la luz desde la tiniebla, eclipsando el espectáculo de cualquier artista ambulante de los muchos que hacen de la plaza su 
escenario.

El resto de su cuerpo y su rostro lo cubría un burka también oscuro pero menos resplandeciente. Sin querer entrar en dilemas morales, culturales, políticos o del tipo que se puedan plantear, he de decir que el uso de esta prenda dotaba a esos ojos de un magnetismo tan enigmático que daba rienda suelta a la imaginación más sensual. De inmediato me figure una piel tersa y de un color semejante al que se produce cuando unas gotitas de leche bañan un café negro de grano muy molido.  Un cuerpo no muy voluptuoso ni excesivamente delgado y coronando la gran obra un rostro humilde, sencillo y dulce resguardado por largos cabellos oscuros casi lisos pero sin serlo del todo.

Honestamente desconozco la profundidad, espiritualidad y sobre todo misión de dicha prenda, pero desde luego si es no provocar deseo… esos ojos vivirán perpetuamente en el más dulce de los pecados.

Inmediatamente después del fatídico segundo en el que podría empezar a resultarle incomoda mi mirada me vino a la mente el recuerdo de un viejo amigo: Santiago, ya saben aquel pastor de “ El Alquimista “ que durante una caravana por el desierto se enamora de una chica árabe de nombre Fátima. Su imagen en el Sahara, viendo a la noche apoderarse del cielo … en fin.

Insha'Allah algún día pueda conocer los labios que se ocultan tras la tela de             
“ Fátima “

Me despido con un beso especialmente pícaro

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