Probablemente el último lugar donde esperaría encontrar tal
sensación de cautiverio por una mirada sería la Puerta del Sol un sábado por la
mañana, tantas personas caminando como si de autómatas se tratasen con
pensamientos esquivos y con una postura totalmente alejada de lo fraterno. Pues
bien queridos amigos, justo en ese lugar y ese momento mis ojos no pudieron
evitar clavarse como saetas en aquellas pupilas de cuarzo negro, brillantes a
pesar de su oscuridad, transmitiendo la luz desde la tiniebla, eclipsando el
espectáculo de cualquier artista ambulante de los muchos que hacen de la plaza
su
escenario.
El resto de su cuerpo y su rostro lo cubría un burka también
oscuro pero menos resplandeciente. Sin querer entrar en dilemas morales,
culturales, políticos o del tipo que se puedan plantear, he de decir que el uso
de esta prenda dotaba a esos ojos de un magnetismo tan enigmático que daba
rienda suelta a la imaginación más sensual. De inmediato me figure una piel
tersa y de un color semejante al que se produce cuando unas gotitas de leche
bañan un café negro de grano muy molido.
Un cuerpo no muy voluptuoso ni excesivamente delgado y coronando la gran
obra un rostro humilde, sencillo y dulce resguardado por largos cabellos oscuros
casi lisos pero sin serlo del todo.
Honestamente desconozco la profundidad, espiritualidad y
sobre todo misión de dicha prenda, pero desde luego si es no provocar deseo…
esos ojos vivirán perpetuamente en el más dulce de los pecados.
Inmediatamente después del fatídico segundo en el que podría
empezar a resultarle incomoda mi mirada me vino a la mente el recuerdo de un
viejo amigo: Santiago, ya saben aquel pastor de “ El Alquimista “ que durante
una caravana por el desierto se enamora de una chica árabe de nombre Fátima. Su
imagen en el Sahara, viendo a la noche apoderarse del cielo … en fin.
Insha'Allah algún día pueda conocer los labios que se
ocultan tras la tela de
“ Fátima “
Me despido con un beso especialmente pícaro

No hay comentarios:
Publicar un comentario